Cistitis, entenderla y tratarla desde la microbiota

Cistitis

¿Por qué tengo cistitis?

La cistitis es un trastorno muy recurrente en nuestra sociedad y que afecta sobre todo a las mujeres. Se calcula que cerca del 16% de las mujeres han padecido o padecerán algún episodio de cistitis en su vida.

Sin embargo, no son pocas las situaciones en las que la cistitis se cronifica. En este artículo, intentaremos explicar en qué consiste este problema de salud, cuáles son sus síntomas y causas más comunes y añadiremos la perspectiva 360, explicando la implicación de la microbiota en su desarrollo y la eficacia de los probióticos para su tratamiento.

Qué es la cistitis

Según la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), se utiliza la palabra cistitis para referirse a la inflamación de la vejiga, causada por una infección. Está englobada en las ITU (infecciones del tracto urinario) y se calcula que son el segundo grupo de infecciones extrahospitalarias más comunes, después de las respiratorias. Además, son una causa muy frecuente de consulta en Atención Primaria.

La mayoría de las veces, esta inflamación está causada por una infección bacteriana que se inicia en el tracto urinario, desde donde se extiende hasta la vejiga, irritando su mucosa. Pero también existen otros tipos que veremos más adelante.

Muchas veces, los síntomas son leves, pero pueden llegar a generar problemas más complejos y a cronificarse, afectando a la calidad de la vida de las personas que la padecen.

Por otro lado, también es más común que se padezcan en verano, por eso es una época del año en la que las personas que son tendentes a sufrirlas trabajan más la prevención.

Aunque se trata de un trastorno ampliamente estudiado, no siempre los tratamientos que se aplican ayudan a las personas que la padecen de manera reiterada, ya que solo atacan a los síntomas de la infección y no al problema de base: un desequilibrio de la microbiota.

Por qué es más común en las mujeres

El mayor riesgo de las mujeres a padecer cistitis se explica por el tamaño de la uretra, que es más corta que en el caso de los hombres. Además, su abertura está mucho más cerca al ano en este grupo poblacional. Esto facilita que algunas bacterias intestinales alcancen el tracto urinario, colonizando este área y generando patología.

Tal y como decíamos antes, lo normal es que casi todas las mujeres experimenten algún episodio de cistitis a lo largo de su vida. Si las cistitis se repiten de forma frecuente, se habla de cistitis recurrentes o recidivantes.

En el caso de los hombres, padecer cistitis suele estar asociado a infecciones del tracto urinario o a problemas de próstata. En el primer caso, suele darse en situaciones hospitalarias, relacionadas con el uso de catéteres, por ejemplo, que pueden fomentar la colonización por bacterias patógenas.

Por otro lado, es importante destacar que esta diferencia de géneros no es tan acuciante en las edades más avanzadas, ya que en la vejez aumenta el riesgo por igual de padecer estas infecciones urinarias.

Síntomas más frecuentes y causas

Las manifestaciones más comunes que se asocian a la cistitis son:

  • Necesidad recurrente y urgente de orinar, a pesar de no poder llegar a miccionar
  • Sensación de ardor o de dolor al orinar
  • Miccionar en pequeñas cantidades (apenas unas gotas)
  • Tener una orina turbia, con olor fuerte y/o con consistencia lechosa
  • En casos de infección más acuciante, presentar sangre en la orina (que recibe el nombre de hematuria)
  • Tener molestias pélvicas o sensación de presión en la parte inferior del abdomen
  • Dolor al mantener relaciones sexuales
  • Enrojecimiento de la vulva y picor vaginal (en las mujeres)
  • Fiebre baja

Tipos de cistitis

La causa más común de cistitis es la infección bacteriana. De manera concreta, en más de 85% de estos casos, está causada por la bacteria Escherichia coli. Pero también existe un grupo de cistitis causadas por agentes no infecciosos. Veremos las diferencias entre ambas.

Cistitis bacteriana y microbiota urogenital

La cistitis bacteriana, como decíamos, suele tener una culpable clara: la Escherichia coli. Esta bacteria pertenece a la familia de las enterobacterias y está presente de manera natural en la microbiota intestinal del ser humano. Le ocurre como a la Candida. Forma parte de nuestra composición bacteriana a nivel comensal y ayuda a la absorción de nutrientes.

Sin embargo, algunas cepas de la E. coli pueden producir enfermedades fuera del tracto gastrointestinal. Las más comunes son las infecciones de las vías urinarias. A las cepas que producen esas infecciones se les denomina UPEC (E. coli uropatogénica).

Y ¿qué ocurre a nivel urogenital? La población bacteriana que se encuentra en esta parte de nuestro cuerpo puede considerarse como una copia reducida de la microbiota intestinal, que se ve afectada cuando se produce una cistitis bacteriana.

Tal y como ocurre en la microbiota intestinal, para que nuestros microorganismos puedan realizar funciones beneficiosas para nuestro organismo y realicen esa labor de defensa contra patógenos, tienen que estar en equilibrio. Cuando ese equilibrio se rompe, se produce una disbiosis y se genera un caldo de cultivo idóneo para el sobrecrecimiento de patógenos.

En el caso de la microbiota urogenital y la microbiota vaginal (también conocida como Flora del Döderlein), sabemos que su composición tiene una elevada presencia de lactobacilos. Si este género bacteriano está reducido, aumenta el riesgo de padecer vaginitis, vaginosis, uretritis, cistitis…

Por eso, cada vez son más los profesionales de la salud que inciden en la necesidad de restaurar el ambiente bacteriano de las personas que padecen este tipo de infecciones, no solo para tratar el episodio concreto, sino para evitar que se den esas tan temidas infecciones de repetición, resolviendo el problema en su origen.

Cistitis no infecciosa

Más allá de la infección por patógenos, que es la más común, se pueden producir otros tipos de cistitis, que enumeramos a continuación:

  • Cistitis intersticial: se trata de una inflamación crónica de la vejiga, cuya causa no siempre es fácil de determinar, lo que también complica el tratamiento. También recibe el nombre de “síndrome de vejiga dolorosa”.
  • Cistitis inducida por algunos medicamentos, que  pueden producir inflamación en la vejiga por los deshechos que generan y que se eliminan a través de la orina.
  • Cistitis por radiación. El tratamiento con radiación de la zona pélvica puede producir cambios inflamatorios en el tejido de la vejiga.
  • Cistitis por uso de catéter de manera prolongada, que puede afectar a los tejidos y aumentar el riesgo de infección bacteriana
  • Cistitis química, por la hipersensibilidad de algunas personas a productos de higiene íntima que en su composición llevan productos químicos.
  • Cistitis asociada a otras afecciones, como a la diabetes, los cálculos renales o el agrandamiento de la próstata.

Tratamiento de la cistitis: el papel de los probióticos

Para tratar la cistitis, existen diversas opciones farmacológicas que ayudan a revertir el episodio en el momento que se produce, pero este tipo de tratamientos suele fracasar cuando se trata de atajar infecciones de repetición.

Como explicamos antes, tratar la microbiota y recuperar el estado de eubiosis, de equilibrio, será fundamental para ir al origen y evitar las recidivas. Para ello, la herramienta más eficaz que tenemos son los probióticos humanos de IV Generación

Pero no vale cualquier probiótico. Necesitamos cepas específicas que hayan demostrado científicamente ser capaces de contrarrestar los agentes causales de la cistitis.

Lactobacillus jensenii

Esta cepa, presente en Femelle, ha demostrado inhibir el crecimiento y disminuir la vitalidad de algunas cepas de E. coli involucradas en las cistitis recurrentes. También impide que se adhieran a las células epiteliales, las que forman la membrana intestinal o el tracto urinario.

Lactobacillus plantarum

Este lactobacilo, que también forma parte de Femelle, tiene la capacidad de segregar péptidos antimicrobianos que contrarrestan microorganismos patógenos, como E. coli o Candida albicans

Otros microorganismos

De manera coadyuvante a la toma de lactobacilos, administrar microorganismos como el Saccharomyces boulardii, presente en Enterelle Plus, ayuda a controlar la flora bacteriana resistente a los antibióticos.

Cómo prevenir la cistitis y mantener la microbiota en equilibrio

Con todo lo expuesto, no podemos dejar de lado la prevención. El tratamiento de la cistitis es importante para atajar la infección, pero será fundamental seguir una serie de hábitos saludables que permitan a nuestro organismo estar en equilibrio y, por tanto, reduzcan el riesgo de contraer cistitis.

  • Bebe mucha agua, para ayudar a la limpieza de la orina, a reducir su concentración y para mantenerse hidratado.
  • No demores ir al baño cuando sientas la necesidad de miccionar
  • Lleva una alimentación prebiótica y antiinflamatoria, que te aporte los micronutrientes necesarios para mantener en buen estado tu microbiota
  • Realiza ejercicio físico frecuente y evita el consumo de tóxicos como tabaco, alcohol…
  • Evita el uso de cosméticos químicos agresivos, como geles, sales de baño u otro tipo de productos que puedan afectar a tu dermobiota en la zona vaginal
  • La gestión emocional también afecta a nuestra microbiota, desestabilizándola. Trata de gestionar correctamente el estrés.

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