Disbiosis: el desequilibrio de la microbiota

Disbiosis intestinal y microbiota

Nuestra microbiota nos ayuda a sintetizar nutrientes, a equilibrar la respuesta de nuestro sistema inmune, y a mantener fisiológicamente saludable nuestro epitelio intestinal (también conocido como barrera intestinal)… Pero para que nuestra microbiota pueda ejercer todas esas funciones de una forma eficaz tiene que tener una proporción de bacterias que estén en equilibrio entre ellas, es decir, en eubiosis.

Es como un ecosistema, poblado por diferentes microorganismos, especies y géneros, que necesitan ocupar su nicho ecológico correspondiente dentro de nuestro intestino. Por eso, cuando ese equilibrio se rompe se produce una disbiosis.

En este artículo, explicaremos cuáles son las causas, los síntomas más comunes y los tipos de disbiosis que existen. También haremos un repaso por las diversas alternativas de tratamiento.

Bacterias y microbiota, de la eubiosis a la disbiosis

Hasta hace no demasiado tiempo, la palabra “bacteria” suscitaba una reacción negativa en el imaginario social. No en vano, algunas de las que existen le han causado – y le causan – graves infecciones y enfermedades al ser humano. Sin embargo, hay todo un ‘ejército’ de bacterias que se sienten olvidadas por la Historia y por el relato científico, dado que, lejos de hacerle daño a nuestra salud, son unas auténticas aliadas a la hora de hacer frente a patologías y dolencias.

Afortunadamente, la investigación médica ha ido avanzando en los últimos tiempos y no solo le ha dado nombre a nuestras ‘bacterias amigas’, conocidas actualmente como microbiota, sino que también ha conseguido demostrar con rigurosidad y metodología científica sus efectos en la salud y su relación con el desarrollo de algunas de las enfermedades que más afectan a las sociedades modernas occidentales.

Son cientos de miles las especies microbianas que habitan en nuestro organismo y que contribuyen a su correcto funcionamiento. La composición de la microbiota se va a ver modificada por factores como los hábitos de vida o el propio estado del sistema inmune, que a continuación veremos con más concreción.

Pero esta composición no es estática. Es más, se habla de que nuestras bacterias tienen un «equilibrio dinámico». ¿Y eso qué quiere decir? Pues que todos los factores que impactan en ella pueden crear variabilidades en su composición, pero son cambios que la microbiota puede revertir. Eso se conoce como la capacidad de resiliencia de la microbiota.

probióticos 4ª generación

¿Por qué tengo disbiosis? Factores que impactan en nuestra microbiota

Cuando el equilibrio de este ecosistema se rompe y la capacidad de resiliencia de nuestras bacterias está agotada, la microbiota deja de cumplir con todas sus funciones y no es capaz de preservar la salud del hospedador. Es lo que se conoce como disbiosis.

Este término surge como contraposición a la eubiosis, es decir, al equilibrio total de los microorganismos que pueblan nuestra microbiota. Pero… ¿cómo se llega a una disbiosis? ¿Qué factores impactan en nuestro ecosistema intestal?

Alimentación

Somos lo que comemos, dijo Hipócrates. Y la Dra. Sari Arponen, autora del libro «Es la microbiota, ¡idiota!» y experta en esta materia, concretiza: «Lo que nos hacemos a nosotros mismos, se lo hacemos a nuestra microbiota».
 
La dieta es uno de los factores que más impacto tiene en la composición de nuestra microbiota. Frutas, verduras, hortalizas, legumbres, algunos alimentos fermentados… serán de gran ayuda para mantener nuestras bacterias intestinales en su composición más correcta.
 
Por contra, alimentarse a base de alimentos ultraprocesados, hipercalóricos, con azúcares y harinas refinadas, no hará sino degradar nuestra diversidad bacteriana e impactar de manera directa en la salud de nuestras bacterias.
 
De esta manera, podemos decir que existen dos formas de alimentarse, que generan dos situaciones de salud distintas:
  • Una alimentación inflamatoria, basada en comida ultraprocesada: típica de nuestra sociedad occidental, de escasa variedad y aporte nutricional y responsable de reducir la diversidad de nuestras bacterias y de crear un ambiente proinflamatorio. Genera, por tanto, una disbiosis
  • Otra manera de alimentarse, prebiótica, antiinflamatoria y con comida real: basada en comer alimentos, no productos, con una carga de fibra importante y llena de aporte nutricional. Ayuda, en este caso, al mantenimiento de al eubiosis

 Fármacos

La toma de ciertos fármacos, antibióticos, tratamientos… tiene un impacto muy relevante en nuestro ecosistema intestinal. La revista científica Nature publicó los resultados de un estudio en el que se analizaron más de 1.000 medicamentos que se encuentran en el mercado, para conocer cuál era su impacto en 40 cepas bacterianas, elegidas por ser representativas de nuestra microbiota intestinal.
 

El resultado no dejó lugar a dudas. Según las conclusiones de los investigadores, 1 de cada 4 fármacos que se consumen tienen un impacto negativo en las bacterias que nos habitan. Aún así, hay algunos que son todavía más dañinos que otros:

  • Antibióticos: que ayudan a eliminar microorganismos patógenos pero que, a su paso, también eliminan a los beneficiosos
  •  Inhibidores de la bomba de protones: los famosos prazoles (quizá el más conocido sea el omeprazol), son consumidos diariamente y con una pauta crónica (de por vida) por millones de personas. Son los más daniños para nuestra microbiota
  • Antipsicóticos: en este caso, el estudio reveló que estos fármacos afectan de manera especial a una bacteria fundamental (que nosotros decidimos incluír como una de las «reinas magas» de la microbiota): la Akkermansia muciniphila
  • Inmunosupresores: también están en la lista de los más dañinos a nivel intestinal, a pesar de ser tomados por un gran número de pacientes

Estrés y malos hábitos de vida

La mala gestión de las emociones, especialmente el estrés crónico que caracteriza al estilo de vida actual, es una bomba de relojería para desencadenar la disbiosis de nuestra microbiota.

Entender la salud de manera 360º ayuda a comprender por qué nuestras emociones o estados de ánimo pueden afectar de manera directa a nuestro intestino. El eje intestino-cerebro tiene un papel fundamental en nuestro bienestar y, por eso, aprender a gestionar el estrés y las malas situaciones son necesidades clave para mantener nuestra microbiota en eubiosis.

Dormir mal, el insomnio o algunos trastornos del humor también influyen en este ámbito. Y, sin duda, la práctica diaria de ejercicio físico es fundamental para mantener a raya ya no sólo nuestra microbiota, si no nuestro estado de salud general, a nivel físico y psicológico.

Edad

La edad también es determinante para nuestra microbiota. Desde antes de nacer, nuestros «amigos» bacterianos empiezan a colonizarnos y nos acompañan en nuestro camino hasta el momento de la senectud.

La Medicina ya sabe explicarnos cuáles son los géneros y especies más comunes (o que más presencia deberían tener) en determinadas franjas de edad: en la infancia, la adolescencia, la edad adulta y la vejez.

Este conocimiento sobre cuál debería ser la composición ideal de la microbiota en cada período de la vida de un paciente nos permite diseñar estrategias terapéuticas con probióticos muy dirigidas.

La alimentación, la gestión del estrés y las emociones, el consumo de manera crónica determinados fármacos, nuestra edad o la frecuencia de actividad deportiva son los factores que más impactan en nuestra microbiota.

¿Tengo disbiosis? Síntomas más comunes

Caracterizar la disbiosis no es fácil. De hecho, la disbiosis suele tardar en diagnosticarse porque tiene muchas maneras de manifestarse, que a su vez son comunes a otras patologías. Además, dependiendo del tipo de disbiosis, puede haber mayor prevalencia de una sintomatología sobre otra.

A pesar de ello, algunos síntomas frecuentes en la disbiosis son:

  • Hinchazón y distensión abdominal
  • Flatulencias
  • Alteraciones del tránsito intestinal, tanto diarrea como estreñimiento
  • Dolor abdominal, como los cólicos
  • Lengua blanca
  • Aparición de alergias e intolerancias alimenticias
  • Infecciones vaginales o de orina de repetición

Tipos de disbiosis: en busca de patrones

Muchos de los estudios que se han llevado a cabo en los últimos años tratan de encontrar patrones disbióticos en determinadas enfermedades. Y es que algunas patologías, como la obesidad o el parkinson, evidencian desequilibrios propios en los pacientes que las padecen.

Además de ello, pueden darse disbiosis no sólo en la microbiota intestinal. También se habla de:

  • Disbiosis oral, muy relacionada con problemas como la gingivitis o la periodontitis, que a su vez son factores de alto riesgo para enfermedades neurológicas o cardiovasculares
  • Disbiosis vaginal, muy común en las mujeres, afectando al balance de bacterias presentes en el vaginoma o Flora del Döderlein y que tiene implicaciones en las infecciones por Candida u otros microorganismos
  • Disbiosis pulmonar, afectando al equilibrio de las bacterias presentes en el sistema respiratorio y predisponiendo un ambiente inflamatorio para patologías que afectan a las vías respiratorias, como es asma u otras infecciones

Disbiosis e inflamación de bajo grado

Sobre esto último, Nature Reviews Gastroenterology&Hepatology publicó en el 2017 un estudio en el que se confirmaba esa capacidad de la disbiosis de “encender” focos inflamatorios en el cuerpo, debido que produce la liberación de lipopolisacáridos de la pared externa de las bacterias gram-negativas.

Estos lipopolisacáridos se ‘suben’ a los quilomicrones, las partículas responsables de trasladar los lípidos de la dieta desde el lumen intestinal hasta otras áreas del organismo utilizando el torrente sanguíneo como vehículo de desplazamiento.

La conclusión a la que llegaron los investigadores fue clara: cuanto mayor era la disbiosis en un paciente, mayor era el número de quilomicrones que ‘viajaban’ por su organismo y más elevado era su estado inflamatorio general.

Cómo reequilibrar la microbiota y tratar la disbiosis

Revertir una situación de disbiosis para conseguir que nuestra microbiota vuelva a estar en equilibrio es una estrategia que se debe tener en cuenta cuando se inicia un tratamiento.

Probióticos 

Pero no se puede hacer de cualquier manera. En este contexto entra el concepto de Microbioterapia, consistente en el uso de probióticos humanos específicos de IV Generación para repoblar la microbiota y devolverla a un estado saludable de eubiosis.

Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando son administrados en la cantidad adecuada, ejercen un efecto beneficioso para la salud de quien los recibe.

Pero no, no todos los probióticos son iguales. Para que un probiótico sea eficaz, debe cumplir algunas características básicas, que validan su eficacia y su seguridad de uso:

  • Ser de origen humano
  • Ser de IV Generación
  • Tener una combinación de cepas específicas

Los probióticos del laboratorio Bromatech cumplen con todas estas características, formando parte de un amplio vademecum que cubre diversas necesidades de tratamiento.

Para que la terapia probiótica funcione, debe hacerse en base a una reimplantología selectiva, para poder ir colonizando, poco a poco, el intestino grueso y después el delgado con cepas específicas que tienen su nicho vital allí, donde deben asentarse, formando colonias permanentes y ejerciendo sus funciones beneficiosas para el organismo.

Además, para que la terapia probiótica funcione, debemos cambiar nuestros hábitos alimenticios para seguir, como decíamos antes, una alimentación prebiótica y antiiflamatoria. Y, por supuesto, debemos hacer ejercicio físico regular, para evitar el sedentarismo y tratar de respetar las horas de sueño y la gestión del estrés.

Bibliografía

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