Infección por Helicobacter pylori: un inquilino, a veces molesto

Helicobacter pylori

Cuando nombramos a Helicobacter pylori nos viene a la mente que se trata de “un bicho malo” pero, como ya sabemos, en la mayor parte de los casos no es tan sencillo clasificar a un microorganismo como bueno o dañino. De hecho, en el equilibrio de la microbiota reside la salud y si este equilibrio se rompe, es cuando alguno de estos microorganismos puede pasar de ser inofensivo a causar verdaderos problemas

¿Qué es Helicobacter pylori?

Nuestra microbiota es dinámica, cambia a lo largo del tiempo y también en el espacio. En función de la cantidad de oxígeno, el pH, los ácido biliares y el tiempo de tránsito intestinal, tenemos una composición de microbiota u otra a lo largo del tracto digestivo, desde la boca que presenta una gran diversidad de taxones, hasta el colon donde encontramos la mayor densidad de microorganismos.

Normalmente el ambiente ácido del estómago actúa como una barrera que limita el paso de bacterias desde la cavidad oral al resto del tracto intestinal. Sin embargo, H. pylori resiste en entornos con un pH muy bajo, logrando sobrevivir y colonizar la mucosa gástrica. Consigue esto gracias a la producción de ureasa, una enzima que sube el pH creando un microambiente dentro de ese hábitat extremadamente ácido que es el estómago. La ureasa provoca también en el hospedador un incremento de señales inflamatorias, llegando en algunos casos a causar un daño en la pared gástrica. Además de la ureasa, H. pylori produce otras enzima y moléculas que causan daño en la mucosa gástrica, que le ayudan a adherirse al epitelio o le permiten evadir el ataque del sistema inmune.

Helicobacter pylori es un tipo de bacteria gram-negativa. Estas bacterias presentan una pared celular más compleja que las bacterias gram-positivas, lo que les confiere una mayor resistencia a antibióticos o enzimas. Helicobacter pylori tiene forma de espiral y presenta flagelos que permiten su movilidad y su paso a través del epitelio del estómago.

La microbiota de personas con Helicobacter pylori

En el estómago debido al pH tan bajo nos encontramos con una microbiota característica de esta parte del tracto digestivo, predominando los filos Firmicutes, Actinobacteria y Bacteroidetes. Está descrita la pérdida de la diversidad microbiana en el estómago de personas con Helicobacter pylori, que mediante cambios en el pH del estómago, la producción de bacteriocinas y la competición por los nutrientes reduciría la población de otros microorganismos. Del mismo modo, se han observado cambios en la microbiota del intestino de personas con H. pylori, con un incremento de Proteobacteria y una reducción de aquellas especies productoras de ácidos grasos de cadena corta, como el ácido butírico, que son fundamentales para la salud intestinal.

Helicobacter pylori como bacteria comensal

H. pylori fue aislada por primera vez en el año 1982, pero nuestra estrecha relación con esta bacteria se remonta a mucho tiempo atrás. Se ha descrito la presencia de H. pylori en momias de hace 3.000 años. Se sugiere que su asociación con humanos es incluso anterior y que esta bacteria habría coevolucionado con el Homo sapiens.

Aunque la mitad de la población tiene H. pylori en sus estómago, tan solo un 10% de las personas infectadas desarrollan algún síntoma y lo hacen años después de ser colonizados. Por ello, este microorganismo debería ser considerado un patógeno oportunista más que un agente infeccioso, pues la presencia de Helicobacter pylori no causa patología por sí misma.

La hipótesis de los “viejos amigos” propone que la exposición a ciertos microorganismos comensales estimularía la respuesta del sistema inmune y nos protegería de las reacciones excesivas frente a estímulos que no son nocivos, como ocurre en el asma. 

Esto podría explicar el hecho de que  en países industrializados ha ido disminuyendo la colonización por H. pylori a la vez que se incrementaba la incidencia de asma, obesidad o patologías de esófago como reflujo gastroesofágico, esófago de Barret o adenocarcinoma esofágico. 

También se ha descrito que la presencia de H. pylori tiene un efecto protector frente a la enfermedad inflamatoria intestinal. Parece que la colonización por parte de H. pylori, al promover la maduración de la respuesta del sistema inmune, tendría un efecto de prevención de las reacciones autoinmunes. Por otro lado, la incidencia del cáncer de estómago ha descendido de forma paralela a la presencia de esta bacteria.

¿Cómo se transmite Helicobacter pylori? ¿Se contagia sexualmente?

La principal forma de infección por Helicobacter pylori es el contacto estrecho entre personas, mediante transferencia oral-oral o fecal-oral. Los estudios indican que esta bacteria se adquiere predominantemente en la infancia y lo más frecuente es que tenga lugar una transmisión vertical de madre a hijo. Otras vías de transmisión que se han estudiado son el agua de consumo y los alimentos contaminados.

Una pregunta frecuente es si Helicobacter pylori se contagia por vía sexual. Si bien un estudio determinó que la presencia de H. pylori era más frecuente entre parejas sexuales de personas que tenían esta bacteria, no se considera un microorganismo de transmisión sexual. El propio contacto entre personas que conviven parece ser la causa de esta mayor prevalencia.

Síntomas de la infección por H. pylori

Como se comentaba anteriormente, aunque Helicobacter pylori esté presente en la mitad de la población mundial, solo un pequeño porcentaje de personas desarrollan algún tipo de síntoma asociado a su presencia. Se sabe que la colonización por parte de H. pylori causa en la mucosa gástrica una inflamación, pero en la mayor parte de los casos esta reacción del sistema inmune no produce ningún síntoma. Sin embargo, en algunas personas, la inflamación provoca gastritis crónica que puede derivar en una úlcera péptica, dispepsia o hiperplasia gástrica.

Helicobacter pylori no solo actúa a nivel intestinal. Se ha asociado su presencia con síntomas extra digestivos. Uno de los más frecuentes es la anemia ferropénica que provoca cansancio o sensación de fatiga. También se ha descrito en algunos pacientes trompocitopenia autoinmune primaria, afección donde se produce una disminución de las plaquetas en sangre. Observándose en muchos casos la recuperación del recuento de plaquetas cuando se logra reducir H. pylori. Por otro lado, la presencia de esta bacteria parece tener un papel importante en trastornos de piel, como rosácea o psoriasis.

En niños suele detectarse esta bacteria cuando se estudian las causas de dolor abdominal persistente, pero en la mayor parte de los casos la infección por Helicobacter es asintomática.

Pruebas diagnósticas para Helicobacter pylori

Test del aliento con urea marcada

Existen distintas pruebas para detectar Helicobacter pylori. Una de ellas es el test del aliento que emplea urea marcada con un isótopo de carbono (normalmente, 13C). Su funcionamiento se basa en la capacidad de la ureasa que produce esta bacteria para degradar la urea. Antes y 30 min después de ingerir la urea se mide el aire exhalado, si hay presencia de H. pylori se produce 13CO2. Este es uno de los métodos más empleado para el diagnóstico y seguimiento del tratamiento de erradicación de H. pylori. Aún así, es importante tener en cuenta que el uso de antibióticos o inhibidores de bomba de protones puede dar lugar a falsos negativos.

Test rápido de ureasa

El test rápido de ureasa emplea una muestra de la mucosa gástrica y mide la actividad de la ureasa que produce H. pylori aplicando un líquido con urea. Si hay presencia de H. pylori se observa un cambio de color como resultado de la degradación de la urea.

Detección de antígenos de Helicobacter pylori en heces

Este método de diagnóstico identifica antígenos, es decir, proteínas asociadas a esta bacteria en muestras fecales. Suele emplearse tanto en diagnóstico como durante el seguimiento del tratamiento. En este último caso, se realizaría unas semanas después de finalizar la terapia antibiótica.

Tratamiento para reducir H. pylori

Existen diferentes combinaciones de antibióticos que se emplean para erradicar la infección por H. pylori. La triple terapia emplea un inhibidor de la bomba de protones, y los antibióticos claritromicina y amoxicilina; mientras que la terapia cuádruple incluye estos tres fármacos junto con el metronidazol, pudiendo acompañarse con o sin bismuto, metal que tiene propiedades antimicrobianas.

Sin embargo, estas terapias convencionales tienen un limitado éxito para eliminar esta bacteria. Una de las causas podría ser la formación de biofilms por parte de H. pylori que impiden la penetración de los antibióticos.

Efectos secundarios al tratamiento antibiótico

Los tratamiento antibióticos para eliminar Helicobacter pylori, como cualquier terapia antibiótica, causan un desequilibrio en la microbiota. Consecuencia de esta disbiosis surgen efectos secundarios. Los más comunes son las náuseas, los vómitos y la diarrea. También se ha reportado estreñimiento, dolor y distensión abdominal, pérdida de apetito, mareos e, incluso, erupciones en la piel.

Se ha descrito un aumento de la resistencia a antibióticos por parte del propio H. pylori, así como de otras bacterias como Escherichia coli o Klebsiella pneumoniae, tras este tipo de tratamientos antibióticos. Otros trabajos han observado un incremento en Firmicutes y una reducción en Bacteroidetes con las terapias de erradicación de H. pylori. Estudios en animales y humanos observaron que los sujetos obesos tenían mayor ratio Firmicutes:Bacteroidetes, proponiendo que los Firmicutes eran más eficientes obteniendo energía de los alimentos por eso favorecían una ganancia de peso. Este cambio en la microbiota podría explicar el aumento de peso de algunos pacientes posterior al tratamiento de erradicación de H. pylori.

Probióticos y Helicobacter pylori

El uso de probióticos para acompañar a la terapia antibiótica parece más eficaz que el uso de estos fármacos en solitario. Por un lado, se reducen los efectos adversos de los tratamientos de erradicación de H. pylori, y por otro, se ha observado que acompañar los antibióticos con probióticos mejora la eliminación de este microorganismo.

Se conoce el efecto antagonista de distintas cepas bacterianas frente a Helicobacter pylori. Uno de los mecanismos que emplean los Lactobacillus es la producción de ácido láctico que inhibe  la actividad de la ureasa de H. pylori. Por su alta tolerancia al pH ácido y su capacidad de colonizar la mucosa gástrica, L. acidophilus es una de las especies más estudiadas. Esta bacteria probiótica inhibe directamente a Helicobacter mediante la producción de bacteriocinas. Además,  L. acidophilus logra mejorar la inflamación. Estudios in vitro han demostrado la capacidad de diferentes cepas de L. reuteri, L. rhamnosus o L. casei de inhibir el crecimiento de H. pylori así como de influir en la actividad de la ureasa.

También se ha estudiado el uso de la levadura Saccharomyces boulardii como coadyuvante a la terapia antibiótica, observándose menos efectos secundarios y una mejor eliminación de esta bacteria. Se cree que S. boulardii dificulta la colonización de H. pylori impidiendo directamente la unión a las células del hospedador y mediante la producción de sustancias antimicrobianas.

Como hemos visto, H. pylori es una bacteria bien adaptada para resistir en el ambiente hostil que es el estómago. A pesar de que su presencia es muy frecuente en la población, no en todas las personas causa un problema de salud. El equilibrio de la microbiota y un buen estado del sistema  inmune pueden ser importantes a la hora de mantener a este microorganismo oportunista bajo control. Puesto que la terapia antibiótica no siempre logra reducir la población de H. pylori y causa efectos secundarios, el uso de probióticos se revela como una herramienta útil no solo como coadyuvante a las terapias convencionales.

Helicobacter pylori
Infografía realizada por PURA QUITERIA (@puraquiteria)

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