Ep. 7 Entrevista a Olalla Otero, PhD en biología y miembro del Equipo Científico de Nutribiótica

¿Por qué los bebés tienen una microbiota menos diversa? ¿Qué funciones ejercen las bifidobacterias en esta época de la vida? ¿Tienen microbiota la leche materna? ¿Y qué pasa en los microorganismos de nuestros peques cuando toman antibióticos? Respondemos a todas estas preguntas en el nuevo episodio de Media Hora con Tu Microbiota de la mano de la Dra. Olalla Otero, PhD en Biología, experta en microbiota y miembro de nuestro equipo científico.

¿Qué vas a encontrar?

>> Hablas de los primeros 1.000 días del bebé como la ventana de oportunidad más relevante para la conformación de su microbiota. ¿Por qué esa cifra?

 

En estos primeros 1.000 días de vida tenemos una ventana de oportunidad para modular la microbiota de los más pequeños. Tenemos que pensar que los bebés nacen con una microbiota más inestable y con menor diversidad. Ojo. Esto debe ser así, es lo deseable, pero poco a poco se va haciendo más diversa, va ganando estabilidad en torno los 2-3 primeros años de vida.

Por lo tanto, en estos 1.000 primeros días de vida tenemos que tener en cuenta que todo lo que le hagamos a la microbiota tendrá consecuencias en la salud fututa de estos niños.

>> De hecho, es tan poco diversa en esos primeros días que la microbiota puede llegar a alcanzar el 95% de bifidobacterias en su composición, ¿verdad?

Lo deseable en un niño pequeño es que la microbiota no sea diversa. Esto nos puede llamar la atención porque, como tú bien dices, la diversidad es un marcador de salud de la microbiota del adulto, pero en los niños debe estar dominada por las bifidobacterias. 

Pensemos que es un momento de entrenamiento. Estos primeros colonizadores de la microbiota intestinal tienen unas funciones importantes, van a entrenar al sistema inmune. Hay que hacerlo poco a poco. Con lo cual, esa primera colonización de las bifidobacterias es fundamental. Y luego, según vamos introduciendo otros alimentos, irá variando y aumentando la diversidad.

Pero, sobre todo en los niños alimentados con leche materna, la predominancia es de este género bacteriano.

>> ¿Qué funciones realizan las bifidobacterias?

Me parece muy importante la capacidad que comentaba antes de entrenar al sistema inmune, ya que, si no tenemos una correcta colonización de bifidobacterias, el sistema inmune puede reaccionar de una manera que no es la correcta frente a cualquier estímulo externo, como ocurre en alergias o autoinmunidades.

También ayudan a que madure el epitelio intestinal. Hablamos de que el tubo intestinal tiene que ser íntegro. Las bifidobacterias fortalecen las uniones estrechas, que son las que impiden que el epitelio intestinal filtre el contenido indeseable al torrente sanguíneo.

Y también tienen funciones en el neurodesarrollo. Se ha visto la relación entre la microbiota y este apartado. A lo mejor lo vemos un poco alejado, pero ya hay estudios que van abriendo camino. Por ejemplo, se ha visto en ratones que cuando se les elimina la microbiota, no se forman de un modo correcto las conexiones neuronales, hay demasiadas, y estos circuitos no son correctos. 

Cuando a estos ratones sin microbiota se les añadían cuatro especies de bifidobacterias, se generaban las sinapsis neuronales correctas. En el cerebro tenemos la microglía, que lo que hace es eliminar las sinapsis inadecuadas. Pues con una correcta colonización por parte de la microbiota, logramos que la actividad de la microglía sea la adecuada y logramos que esas conexiones sean las correctas.

En esta etapa de la vida es fundamental esa función de la microglía y, por tanto, tenemos que garantizar un buena colonización y que así el sistema inmune, el digestivo y el neurodesarrollo funcionen de manera adecuada.

>> Uno de los factores que más impacta en la microbiota en esta primera infancia es la lactancia. ¿Existen microorganismos en la leche materna? ¿Tiene su propia microbiota?

Sí. En algún momento, se pensaba que era estéril, porque, aunque se encontraban microorganismos, se pensaba que era debido a procesos de contaminación, porque eran microorganismos típicos de la piel o de la boca. Pero se encontraron también microorganismos anaerobios estrictos, lo que significa que no pueden vivir en contacto con el oxígeno, como son las bifidobacterias.

En modelos animales se ha descrito una ruta entero mamaria, a través de la cual bacterias intestinales de la madre son transportadas de forma activa hasta la mama y forman parte de la leche. Por eso es importante que la madre también cuide su microbiota durante el embarazo, porque vamos a transmitir esos microorganismos.

Si tenemos una buena cantidad de bifidobacterias, nuestra leche tendrá una mayor proporción de las mismas para transmitírselas al bebé.

>> ¿Y qué otros componentes tiene la leche materna?

Pues entre otras cosas, hay anticuerpos, que son como una primera barrera de defensa que tiene el bebé mientras su sistema inmune se sigue desarrollando.

También hay omega 3 y esto es fundamental porque recordemos que es un ácido graso esencial que adquirimos solo a través de la dieta. Y la leche materna contiene omega 3, que tiene funciones importantes a nivel neurodesarrollo, de la retina…

Aunque en la lactancia hagamos ese aporte directo de omega 3, no podemos olvidar que durante todo el proceso de gestación los niveles de omega 3 deben ser elevados, porque hay un cerebro y una retina en formación que lo necesita.

>> ¿Qué tipos de omega-3 existen?

Están el EPA y el DHA. En general, siempre asociamos el EPA a una acción más antiinflamatoria, que el DHA también tiene, pero si por algo destaca el DHA es por su función estructural. Forma parte de las membranas y del cerebro, también de la retina.

Por eso durante el embarazo se necesitan enormes cantidades de DHA, porque estamos generando estructuras. Y si no tenemos una dieta rica en DHA, el feto lo puede llegar a adquirir del cerebro de la madre.

>> ¿Es entonces interesante suplementarse con omega-3 durante el embarazo para cubrir esa demanda?

Pasan dos cosas durante el embarazo que pueden animarnos a suplementar. Por un lado, hay una disminución en el consumo de diversas especies de pescado, sobre todo los más grandes, por los niveles de mercurio, ya que está desaconsejado su consumo. Y eso reduce la posibilidad de tener niveles elevados de omega 3.

Por otro lado, sabemos que, por lo que explicamos antes, los niveles que se requieren en una embarazada son mucho mayores a los de un adulto normal, especialmente a partir de la semana 19 y suplementando tenemos la posibilidad de garantizarlos sin problema.

>> ¿Qué diferencia hay, en cuanto a la microbiota, entre un bebé que crece con leche materna frente a otro que se alimenta con leche de fórmula?

Hay una diferencia muy grande. La diversidad es mayor en los niños con leche de fórmula y la abundancia de bifidobacterias es menor. Hay muchas circunstancias distintas por las que una persona no puede o no quiere dar lactancia materna. En esos casos, lo que deberíamos hacer es compensar esa pérdida o menor proporción de bifidobacterias, porque ya hemos visto que son fundamentales y corregir así el desequilibrio de la microbiota que pueden tener estos niños.

>> ¿Y qué le pasa a la microbiota de los niños cuando se inicia la alimentación complementaria?

Su microbiota, de repente, tiene que adaptarse a esas diferentes fuentes de proteínas, de fibra… Es cierto que en la leche materna sí hay unos oligosacáridos que son prebióticos, que favorecen el crecimiento de las bifidobacterias, pero de repente, con la alimentación tenemos un montón de fibra y alimentos distintos a los que nuestra microbiota se debe adaptar.

Es entonces cuando empieza a aumentar la diversidad. Seguirán siendo muy importantes las bifidobacterias pero aumenta la diversidad porque hay necesidad para metabolizar distintas fuentes de proteínas, fibras prebióticas…

Las bifidobacterias son microorganismos que podemos llamar primeros degradadores. Por ejemplo, si tenemos almidón resistente, las bifidobacterias metabolizan y cortan en cachitos ese almidón resistente para producir ácidos grasos de cadena corta, como el ácido acético. Y otras bacterias, por fenómenos de cross feeding, producen ácido butírico.

También hay que tener cuidado con introducir demasiado pronto esa alimentación complementaria, porque la microbiota de repente madura de forma prematura y esto tampoco es recomendable, porque necesitamos esa predominancia de bifidobacterias en todos los procesos. Lo ideal es esperar esos 6 meses.

>> Hay otros factores que impactan en la microbiota de los niños a medida que van creciendo, como es el caso del exceso de higiene. ¿Qué es la hipótesis de la higiene?

Lo que propone esta hipótesis es que en estos entornos en los que vivimos ahora, en las ciudades, que estamos alejados de esos microorganismos beneficiosos que encontramos en los bosques, en los suelos, que no siempre tenemos muchos contactos sociales… tenemos un sistema inmune desentrenado que puede reaccionar de forma aberrante, por ejemplo, frente a un alérgeno. Esto puede contribuir a un aumento de eccemas, atopias, patologías autoinmunes…

Necesitamos estar en contacto con una gran diversidad de microorganismos para que el sistema inmune esté bien entrenado.

>> Cuando se da una disbiosis, a veces se practica análisis de microbiota fecal para saber exactamente qué poblaciones están disminuidas en la microbiota. ¿Son necesarios en bebés?

Los profesionales nos consultan mucho sobre estos temas y aunque no es frecuente que a un niño muy pequeño se le recomiende hacer un análisis de microbiota fecal, a veces ocurre. Y lo que nos ha pasado es que nos llega un análisis de este tipo de un niño pequeño y salen las bifidobacterias elevadas, cuando no está bien y presenta síntomas intestinales.

Indagando, nos hemos dado cuenta de que no hay unos valores de referencia para niños pequeños. De forma habitual, estos valores solo tienen unos valores, que son los de adultos, y puede pasar que este niño seguramente tenga las bifidobacterias muy bajas, pero comparado con un adulto están altas o se salen de rango.

Los niños, de forma fisiológica, tiene que tener muchas bifidobacterias, más que un adulto y cuanto más peque, más.

>> ¿Y cómo afecta la toma de antibióticos en estas edades? En los adultos es uno de los factores que más dañan el equilibrio bacteriano.

A un bebé le pasa lo mismo que a un adulto. Tomamos un antibiótico y se produce una disbiosis, pero recordemos. Esa microbiota es más inestable, aún no ha llegado a ese punto de madurez, por lo que las consecuencias de esa disbiosis que provoca la toma de antibióticos son mucho más graves y van a tener un impacto en la salud si estamos en esos 1.000 primeros días de vida, en los que abríamos esa ventana de oportunidad que podemos estropear.

Hay muchos estudios que asocian ese uso de antibióticos y la disbiosis secundaria que generan con diferentes patologías: inmunomediadas, y la obesidad. Si en esas primeras etapas de vida usamos antibióticos de forma indiscriminada sin tomar precaución de tomar un probiótico, las consecuencias pueden ser graves.

>> ¿Cómo ayudan los probióticos humanos de IV Generación en la infancia?

Con antibiótico me parecen fundamentales. Es cierto que no todos los probióticos se pueden dar con el antibiótico. Hay que elegir cepas sensibles, un Saccharomyces… Y en niños pequeños está demostrado que precisamente sufren esas bifidobacterias, por eso después de una terapia antibióticos será fundamental equilibrar esa cantidad de bifidobacterias que teníamos antes.

Se usan mucho también en el cólico de lactante, gastroenteritis en general… Se sabe que tener una gastroenteritis provoca un desequilibrio de la microbiota y en estos niños tan pequeños esto tiene un impacto muy grande.

En cuanto a la diarrea, lo idea es intentar reducir primero la carga patógena y después recolonizar con bifidobacterias.

>> ¿Qué consejos nos das para cuidar la microbiota de los más pequeños de la casa?

Sobre el cuidado de la microbiota, lo primero es que se cuiden los papás. Tanto el papá como la mamá. El proceso de gestación hay que cuidarlo porque es el momento en el que programaremos la salud de los bebés, porque cuando tenemos un bebé de 1 año con una microbiota desequilibrada es porque el problema viene de antes.

Como ya nos han dicho todos los profesionales que han estado en esta sección… hábitos de vida saludable, alimentación, ejercicio… Cuidar la microbiota engloba la salud 360.

>> ¿Y qué le recomiendas a los pediatras y profesionales de la salud que trabajen con niños?

Yo creo que los pediatras a día de hoy ya están familiarizados con algunas cepas, como con el Lactobacillus reuteri, que es cierto que para rotavirus tiene muchísimos estudios. Pero yo les recomendaría que abriesen un poco más el foco y que no se descuidasen de las bifidobacterias, porque hay cepas o especies como el reuteri que se usan de forma muy recurrente, pero sabemos que un niño que sufre cólico de lactante tiene menos lactobacilos pero también menos bifidobacterias y observamos buenos resultados dándolas.

Les recomendaría que se apunten a nuestro Área Privada, que vean esas formaciones y que tienen muchas utilidades y muchas veces nos olvidamos de ellas.

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